El tren de la vida


El tren de la vida nos lleva por su camino de hierro. Los tramos de vía estrecha y sin elección se suceden a otros con tantos desvíos que confunden; a los tramos de cielo abierto les suceden oscuros túneles sin salida aparente en los que tenemos que viajar a ciegas, pero después de la oscuridad siempre llega la luz…A veces cogemos estaciones equivocadas en transbordos innecesarios y otras veces no encontramos una estación en la que descansar cuando es
imprescindible. En ocasiones tomamos vías muertas que nos obligan a retroceder para buscar el camino correcto que nos permita proseguir.
Sabemos cuándo y dónde hemos iniciado el recorrido, pero no cual va a ser la siguiente estación, cómo va a ser el próximo tren ni quien viajar con nosotros en los distintos tramos del viaje, un viaje que solo tiene un final, una estación común que iguala a los viajeros de primera con los de tercera…

No nos es dado saber cuando llegará nuestra última estación, por eso hay que disfrutar del viaje y hacerlo lo más agradable posible, procurando estar en armonía con el tren y con los pasajeros que nos vayan acompañando en cada tramo del viaje.

Eduardo Martínez Sotillos, Octubre 06





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